Babero de hierro

Babero de hierro, este artilugio sofocaba los gritos de los condenados, para que no estorbaran la conversación de los verdugos. La “caja» de hierro del interior del aro es embutida en la boca de la víctima y el collar asegurado en la nuca. Un agujero permite el paso del aire, pero el verdugo lo puede tapar con la punta del dedo y provocar asfixia. A mentido los condenados a la hoguera eran amordazados de esta manera, sobre todo durante los «autos de fe» – tal como se llamaban esos grandes espectáculos públicos en lo que decenas de herejes eran quemados a la vez – porque los gritos hubieran interferido con la música sacra. Giordano Bruno, culpable de ser una de las inteligencias más luminosas de su tiempo, fue quemado en la plaza del Campo dei Fiori en Roma en 1600 con una mordaza de hierro provista de dos largas púas, una de las cuales perforaba la lengua y salía por debajo de la barbilla, mientras la otra perforaba el paladar.

 

Cepo

Cepo, instrumento de madera, metal o hierro, que sujeta las muñecas y cabeza de la persona sumisa. Utilizado en la edad media para restringir el movimiento.

Cepo de Pecho

Aparato para restringir la movilidad de los pechos femeninos.

Cepo de Piernas

Instrumento para inmovilizar las piernas.

Cepo de Testículos

Aparato para inmovilizar los testículos, formado generalmente por dos piezas de madera o metal de aproximadamente 30 cm de longitud con un agujero para aprisionar y a veces prensar los testículos mediante tornillos.

 

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Cigüeña

Cigüeña, instrumento de tortura en el que no se aprecia a simple vista el dolor que puede causar, puesto que en apariencia su principal función es la de inmovilizar a la víctima. La cigüeña, en sí, es un aparato hecho de hierro, que sujetaba al condenado por el cuello, manos y tobillo, y lo sometía a una posición incómoda, que provocaba calambres en los músculos rectales y abdominales, y a las pocas horas en todo el cuerpo.

La víctima que estaba sujeta a este instrumento sufría de calambres de diferente magnitud, en este orden: primero en los abdominales y rectales, luego en los pectorales, cervicales y en las extremidades. Al cabo de unas horas, el dolor se volvía insufrible y continuo, sobre todo en abdomen y recto. Mientras se sufrían los terribles dolores el condenado podía ser quemado, mutilado o golpeado.